4 de octubre. Cumplo 40 años de matrimonio. En el marco de la grata complicidad que existe entre los lectores de este blog y quién escribe, situación que me honra, me voy a permitir la reproducción de un viejo post, originado en 16 de septiembre de 2006, que me parece muy atingente con esta fecha, tan importante para mi.
Me voy a separar, porque a mi marido los fines de semana sólo le interesa el fútbol.
Así nos dijo en Radio Minería, en la década de los 90, una compañera en el Departamento de Prensa.
Entonces concluí que me había salvado de una grande, porque si es por eso, mi señora se debería haber separado de mí, al mes de casados. Sobre este punto, quiero reflexionar.
Se dice que si los padres pasan la mayor parte del tiempo fuera de la casa, los niños se crían desapegados, faltos de cariño, proclives a las drogas y se convierten en malos estudiantes.Expongo mi caso, no como autoreferencia, sino como demostrador de que aquello no siempre es efectivo.
Hubo años en que yo trabajaba desde las 6 de la mañana, hasta pasadas las 10 de la noche, entre Radio Minería, Canal 9 de la Universidad de Chile, el Servicio Alemán de Documentación de la Embajada Alemana y el diario El Cronista, como se llamaba La Nación durante un tiempo. Y eso era de lunes a viernes, porque los fines de semana y los festivos estaba en la transmisión del fútbol por radio y la labor en Canal 9, que significaba hacer las entrevistas deportivas, ir a los estudios de la tele a editar y luego presentar todo al aire.
Dije en un post anterior que cuando aún no se conocía en Chile el video, todo el trabajo había que hacerlo en telecine, por lo cual yo debía asesorar al técnico en la parte deportiva, en cuanto donde cortar la película, pegarla con otra escena, etc. Y todo esto se realizaba con scotch. Simplemente con scotch.
En tanto, mi señora trabajaba como abogado de una empresa durante todo el día, pero a eso de la una de la tarde se daba maña para viajar, mientras los otros almorzaban, desde el centro de la ciudad hasta avenida Pedro de Valdivia, a considerable distancia, para retirar a mis tres niños del colegio, llevarlos a nuestra casa, entonces situada en avenida Presidente Riesco en la comuna de Las Condes, comerse a toda velocidad un sandwich porque no había más tiempo, y volver rauda a la oficina.
Gracias a Dios, el epílogo de esta historia tiene hoy a mi hija mayor, María Teresa, como abogado; Paulina, como dentista y Mauricio como periodista.
En el caso de Mauricio, me acompañó desde muy niño a las transmisiones deportivas, iniciándose luego, siendo todavía estudiante de la Universidad Diego Portales, como informador de cancha. Claro que él debía decir "atento Esteban" y yo contestarle "adelante Mauricio" y no como se podría suponer "atento papá"..."adelante hijo".
Hoy, en el otoño de mi vida, como dice la canción, veo con alegría que en este caso la familia no se disgregó por los respectivos matrimonios de los hijos, sino que se ha fortalecido al través de los nietos y del entrañable cariño recíproco, que echa por tierra la especie de que los tiempos modernos separan a los padres de los hijos desde la infancia, por imperio de las largas distancias entre trabajo y hogar... por la lucha despiadada por la vida...por el cansancio al llegar a casa...por la escasa permanencia diaria en ella por parte de los padres...por las tentaciones externas... por...por...por.
Cuando leí hace poco que una animadora de televisión reprochaba a su marido el haberla dejado sola con sus niños durante más de un mes, a causa del mundial de fútbol, agregando que nunca lo iba a permitir nuevamente, me puse a meditar que debo haberme sacado la lotería.
En su momento, por razones profesionales yo también debía estar fuera del país hasta por dos meses, como en el caso de otros mundiales de fútbol, pero mi señora no me cortaba las alas y, por el contrario, me alentaba.
Hay que tener suerte, claro, pero también contar con mucho amor, mucha entrega. Con ello se puede vencer al fantasma de la crisis matrimonial y el posible desbande de los hijos. El tiempo en familia podrá ser escaso, pero hay que aprovecharlo a fondo. Por lo demás es una cuestión vocacional, porque más allá de su condición de profesional exitosa, mi esposa se sentía y se siente mucho más feliz en la cocina, preparando algo rico.
Esto también desmiente aquello de que las mujeres de horizontes más amplios, aborrecen necesariamente las labores domésticas.
Hasta en ese punto, tengo suerte.