Comprendo que
Es que suena muy diferente ¿Cuándo me devuelve usted los mil pesos que le presté? que ¿oye oh,cuando me devolvis la luca? dicho en auténtico “chileno”. En este caso no es siquiera diferencia de idioma, sino de dialecto, por darle un nombre.
En países como España o Alemania los dialectos regionales son tan variados que una frase cambia a veces totalmente, depende de si es dicha en el norte o en el sur.
En nuestra América del Sur, a excepción de los brasileños, todos hablamos español, pero con qué diferencias, en la forma y en el fondo.
Una guagua nuestra a la que hay que cambiar pañales, no es lo mismo que una guagua en la parte más alta del continente, donde sirve para transportar pasajeros.
En Centro América también hablan español en gran parte, pero allá las radioemisoras transmiten publicidad instando a las dueñas de casa a lavarse “sus trastes” que son las ollas nuestras. Aquí un anuncio de esa naturaleza causaría ofensas y escándalo, porque sería una referencia clara a las partes púdicas de nuestras mujeres.
Por cierto hay modos de hablar mucho más penetrantes que otros. Es más fácil que un chileno hable luego el “ argentino” a que un argentino hable en “chileno”.
Nosotros nos tragamos las eses y las consonantes. Nuestros vecinos alargan las palabras sin saltarse ninguna letra.
A los chilenos al otro lado de la cordillera nos reconocen por el modo “cantadito” de hablar…según dicen ellos.
Aún así hay argentinos que hablan mucho más cantadito que nosotros; son los “coordoobeeciiitooos”.
Muchas veces no nos damos cuenta cuando se produce nuestra metamorfosis en el modo de utilizar el lenguaje: el otro día un periodista chileno que lleva seis meses trabajando en el país trasandino, me decía de vacaciones en Santiago:”Allá todavía no se me ha pegado el acento”.
En ese momento su hijo le llamó: ”Papá, mirá, vení”.
Es conocido el caso de dos señores que se conocen en plena calle Corrientes de Buenos Aires:
-“Por su modo de hablar usted es chileno”
-“Siii. Lo soy”.
-“Cho también”.
-“No me diga ¿y cuanto tiempo que vive en
-“Y…bueno…seis días”
Para qué hablar del lunfardo.
Creo que nosotros tampoco habríamos podido construir



