Un periodista chileno, tras recopilación de antecedentes en un libro, asegura que el Mundial de Fútbol de 1962 realizado en nuestro país, fue el peor de la historia.
Viví en plenitud, como relator deportivo, ese certamen. Por tanto, debo lamentar lo que considero una conclusión precipitada e injusta.
Él sostiene, entre otras afirmaciones, que la FIFA había determinado que el torneo se jugara en más ciudades que en las que finalmente tuvo lugar, Santiago, Viña del Mar, Rancagua y Arica.
Pero hay que considerar que Chile sufrió, desde que se le concedió la sede hasta su realización, una de nuestras especialidades, un demoledor terremoto, el que por cierto también entonces alteró prioridades.
Dice que el campeonato fue particularmente violento. También es efectivo. Ese partido de Chile e Italia no resultó un espectáculo admirable. Hubo otros partidos igualmente inquietantes.
Pero, por favor, cuando recordamos las masacres a las que se sometió a Pelé o a Maradona y a tantos más en otros mundiales, ¿qué decimos?
Claramente hubo arbitrajes localistas. Sin duda que Leonel Sánchez también debió haber sido expulsado frente a Italia tras la agresión al defensa David.
Bueno...¿Acaso situaciones igualmente condenables no existieron antes ni se produjeron después?
¿Ya nos hemos olvidado del gol nunca concretado en la realidad, con que Inglaterra pavimentó su triunfo frente a Alemania en el Mundial de 1966?
¿También hemos dejado en las tinieblas de la falta de memoria, el desmantelamiento del equipo argentino en ese mismo evento, tras la expulsión de Rattin en el partido ante Inglaterra?.
Los casos son interminables, ¿o la propia Argentina no recibió notorios favores arbitrales en el Mundial de 1978 en casa?
¡Pésimo por supuesto!. Todo, los arbitrajes aquellos en Chile, en Inglaterra, en Argentina o los que, dice la historia imparcial, favorecieron a Italia en los mundiales de 1934 y 1938.
Entonces, para qué cargar contra "nuestro " mundial, hecho a pulso conforme a la época.
Hay que pensar que aquel año, todavía sin satélites de comunicaciones, se filmaban los partidos de Alemania, se envasaban, luego los llevaban en helicóptero al entonces aeropuerto de Los Cerrillos y se presentaban en el país europeo dos días después. En Chile mismo, tímidamente empezaban las transmisiones de fútbol en directo, obviamente en blanco y negro.
Aquel campeonato tuvo ingredientes tan distintos a los actuales, inimaginables en nuestros días.
Jugadores de Hungría concentrados en la localidad de Rengo, pedían a los vecinos que les prestaran sus bicicletas para pasear por el pueblo.
¿Creen ustedes que en Sudáfrica, dentro de poco, alguien podría hacerlo sin estar rodeado de agentes de seguridad y armas listas para disparar?
Esa era la mecánica del Mundial del 62.
También el libro dice que cuando Chile obtuvo la sede , no es efectivo que un dirigente hubiera expresado la famosa frase "porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo".
Otra vez cierto, en lo textual. La frase fue dicha en forma parecida, queriendo resaltar que el Mundial si se realizaba en Chile, sería un enorme factor de progreso.Alguien la resumió y quedó como si hubiera sido efectivamente dicha de esa manera. Es una anécdota más que no invita a hacer tal escándalo.
Personalmente me molesta que se tire barro al trabajo del Director Técnico de la época Fernando Riera. Se sostiene que durante sus 4 años de labor, varias veces estuvo a punto de partir. Que la presión de la prensa y la ciudadanía en general era muy fuerte. Que perdonó a jugadores indisciplinados reincorporándolos, tras haber predicado contra ese tipo de actitudes.
Vamos por partes.
Ciertamente hubo sectores del periodismo que ante cada derrota en el largo camino preparatorio, clamaban porque Riera renunciara. Ojo... sectores.
También, hinchas aleonados por esa prensa.
Afortunadamente Fernando Riera aguantó, llegó al Mundial y fuimos terceros.
Acerca de las nuevas oportunidades dadas a Leonel Sánchez, el Pluto Contreras y Jaime Ramírez, ¿acaso Marcelo Bielsa no les ha dado nuevas ocasiones a Arturo Vidal, Jorge Valdivia, Mark González, Mauricio Isla y otros con pecados anteriores a su dirección o acontecidos durante su propio mandato?
Por haber sido jugado en tiempos previos a la magnificencia tecnológica actual y a las obligaciones enormes de hoy para los organizadores de mundiales, el de 1962 fue un muy buen torneo, atestiguado por autores como el alemán Heribert Meisel quién en un libro, en mi poder, de casi 400 páginas, entregó pocas semanas después del campeonato un trabajo sobre el certamen, junto con dar a conocer aspectos del país, con estupendas fotos, en el orden histórico, político, social y geográfico, en que sus lectores se llevan una impresión muy distinta a la que comentamos.
Y, más atrás en el tiempo, está el primer Mundial. El de Montevideo en 1930, en que las pocas delegaciones europeas llegaban en barco tras una travesía de casi un mes. ¿Hay alguna posibilidad de parangonar aquel certamen con el nuestro disputado 32 años después, o con los posteriores, incluyendo el de este año?
Claramente es imposible.