Tras los sismos, la gente teme a las réplicas. Para quienes no viven en naciones propensas a los movimientos de tierra, cabe decir que las replicas corresponden a una sucesión de temblores de menor duración e intensidad al original, que se pueden prolongar durante meses.
Peor que esas réplicas generadas por la naturaleza, han sido las réplicas de inhumanidad gestadas por compatriotas delincuentes que se han dedicado en los días posteriores a la catástrofe que nos azota, a saquear incluso armados, negocios grandes y pequeños, e inclusive domicilios particulares.
No se trata solamente de la mujer que invade junto a la multitud un supermercado para atrapar pañales destinados a su pequeño, sino hordas que se llevan refrigeradores y plasmas.
En las horas recientes, la presencia de fuerzas militares en las diferentes zonas afectadas resguardando el orden, ha podido morigerar esas villanías.
La extensión de "nuestro" terremoto no solamente debe ser medida en cuanto a que la tierra se movió la madrugada del 27 de febrero por más de 2 interminables minutos, sino porque abarcó una parte enorme de nuestro país.
Solamente entre Santiago y Concepción hay cerca de 500 kilómetros y el sismo llegó incluso unos 300 kilómetros más al sur, afectando además el tsunami posterior, entre otras localidades, a la lejana y novelesca isla de Juan Fernández.
Allí no se había sentido terremoto, lo que desmiente que los maremotos solamente acontecen después de un movimiento de tierra.
De no haber sido por el arrojo de una niña de 12 años de edad, que corrió espontáneamente a tocar campanas para despertar a los habitantes, la tragedia en Juan Fernández pudo haber sido todavía peor.
¡Peor todavía!
Como si no bastara con más de 800 muertos, un número aun indeterminado de heridos y desaparecidos, cerca de DOS MILLONES de damnificados.
Generalmente se habla del terremoto de tal ciudad. En el caso actual es el terremoto de Chile, por lo dicho acerca de su tremenda extensión.
Pero hay hechos conmovedores, como el de cerca de 20 mil voluntarios, en su gran mayoría jóvenes, que con espíritu de sacrificio y amor por el prójimo desvalido, viajan a los lugares más afectados, para apoyar la causa de la búsqueda de normalidad y de apoyo a las víctimas de la catástrofe.
Esta desgracia ha tenido al menos la comprobación de que por sobre diferencias de diverso tipo, prevalece el tendido de mano en la adversidad, como lo atestiguó la venida a Chile con su carga de ayuda física y apoyo espiritual, del presidente de Perú Alan García, además de la llegada en condiciones similares del mandatario de Brasil Lula da Silva y la encargada de las relaciones internacionales de la Casa Blanca, Hillary Clinton.
Sé que este blog se lee más allá de nuestras fronteras, por lo que he mencionado sucesos que para los chilenos resultan archi sabidos, para describir en parte los duros momentos que vive nuestra nación.
Pasará al menos un tiempo para que logremos superar, los más afortunados, la angustia del dolor de nuestro entorno.