Suena terrorífico seguramente para el resto del mundo. Ocho muertos hasta ahora, algunos por ataques cardíacos debidos a la emoción, daños inmensos con salida del mar en Coquimbo, Tongoy, Concón y otras localidades y el espanto reflejado en niños y adultos en un movimiento sísmico de interminables casi dos minutos.
Pero Chile una vez más resistió bien los habituales embates de la naturaleza, esta vez generados por un terremoto de 8.4 grados Richter, con epicentro al norte a más de 450 kilómetros de Santiago, que en otras naciones por lo general dada esa dimensión, significa cientos o miles de fallecidos y daños enormemente mayores.
En Chile estamos acostumbrados a temblores y terremotos desde siempre, tal como en otras partes se acostumbra a convivir con huracanes y ciclones. De ahí que el tipo de construcción debe ser muchísimo más tecnificado y resistente que en otros países.
Por lo demás, en términos de reacción también se ha aprendido y tras las vacilaciones producidas por la misma autoridad política que hoy nos gobierna, en que tras el terremoto del año 2010 hubo informaciones contradictorias en cuánto a evacuar o no la costa lo que significó más muertes, esta vez se cortó por lo sano y cerca de un millón de habitantes del largo sector costero chileno, fueron llamados a refugiarse en lo alto ante el peligro de maremoto, lo que se acató disciplinadamente.
Escribo todavía bajo los efectos tensionales de un movimiento sísmico que parecía sin fin, producido cerca de las nueve de la noche de ayer, en que lo más complicado en lo familiar, era tranquilizar durante su desarrollo a mi nieto de siete años, de visita en casa de sus abuelos, pero aunque mi casa se bamboleaba como una bailarina, resistió como centenares de miles de otras sin que siquiera cayese al suelo una hoja de papel.
De modo que a aquellos amigos de tantas latitudes que me honran con sus visitas a este blog, les digo que pese a lo terrible de la muerte de 8 compatriotas por el terremoto, que con el paso de las horas pueden ser incluso algunos más, aparte de los inevitablemente millonarios destrozos, la sacamos barata, porque en Chile tenemos una avanzada cultura sísmica por necesidad y porque verdaderamente nuestra infraestructura permite que los fallecidos en circunstancias tan lamentables sean menos que los que puede producir un gran choque en la carretera, siendo que un 8.4 en la escala de Richter en algunas naciones habría generado una multitud de víctimas fatales y de heridos. Las estadísticas avalan esta afirmación.
¡Enhorabuena!
Balance actualizado a 25 septiembre 2015:
15 muertos, 9 heridos, 2 desaparecidos, 16.056 damnificados, 1.280 viviendas con daños mayores, 3.931 con daños menores (habitables), 971 destruidas.