lunes, junio 17, 2013

Mis malos recuerdos de Independiente

            
Hubo motivos para compartir la honda pena reflejada en los rostros desencajados de los hinchas de Independiente de Avellaneda, el club argentino que por primera vez en su historia desciende a la Primera B del fútbol trasandino.

Los que vibramos con este deporte desde siempre, entendemos el dolor que significa tal degradación para los seguidores de cualquier club, al que muchas veces se llega a amar casi con la misma intensidad que a nuestras madres.
Quienes no se estremecen con estas cosas, nunca entenderán tanta pasión, que si es mantenida en su cauce, resulta digna, noble y respetable.

El partido en que San Lorenzo derrotó como forastero a los rojos por 1 a 0 lo pudimos observar en Chile. También, tras él, el llanto de familias enteras, con el papá y la mamá abrazados consolándose mutuamente, junto a sus hijos vestidos con la camiseta de su club.

Se ha ido a la División de Ascenso del fútbol trasandino un grande sudamericano, el llamado en su momento Rey de Copas (título que después se atribuyó Olimpia de Paraguay), al ganar siete Libertadores de América, el campeonato más importante de clubes del continente.

Pero en este punto me llegan los malos recuerdos de Independiente. En 1973 nuestro Colo Colo tuvo tal vez el mejor equipo de su historia. Superior incluso al del mismo club que logró la única Libertadores para Chile en 1991.

Ese Colo Colo inolvidable de Caszelly, Ahumada, Véliz y “Chamaco” Valdés, llegaba a la final frente al poderoso rival trasandino.
Eran tiempos en que todavía no nacía entre nosotros esa animadversión enfermiza que hace hoy en día, por ejemplo, que los partidarios de la U se alegren de las derrotas de Colo Colo aún en el ámbito internacional y viceversa.
Tiempos en que si un equipo nacional jugaba contra uno de otro país, todo Chile estaba con el que fuera, la propia U, Colo Colo, Universidad Católica, Cobreloa, en fin. Era como si actuara la selección nacional.

Se decía en aquel entonces desde hace mucho, que Independiente ganaba sus copas, aparte de la calidad innegable de los rojos, por maniobras turbias de pasillos, arbitrajes sospechosos, situaciones extrañas.  Se decía…pero lo tomábamos como eso… se decía.

Hasta que los aficionados chilenos vivieron la realidad en carne propia.
En esa final de ida en Avellaneda, Colo Colo bordeaba la hazaña y estaba venciendo por  1-0, hasta que muy avanzado el partido un futbolista local embistió al arquero  de Colo Colo, Adolfo Nef, quién tenía la pelota firmemente atenazada en sus manos y lo lanzó con balón y todo dentro de su arco.
Ante el estupor de millones de chilenos quienes veían el encuentro por televisión en época solamente de blanco y negro, el árbitro validó el gol.

Tras ese 1 a 1 de visita, en la revancha en el Nacional de Santiago, Carlos Caszelly convertía ya en pleno segundo tiempo un gran gol que dejaba a Colo Colo a un respiro del título. 
No fue ni siquiera  una jugada dudosa en que se pudiera pensar que el delantero tal vez estaba off side. 
No obstante, el juez  brasileño de la brega ante lo que ya era consternación general, anuló la conquista.

Luego de algunos días, en partido definitorio en Montevideo, cancha neutral, Independiente ganó sin apelación, pero tras haber sido los arbitrajes en Buenos Aires y Santiago, sendos despojos.

Si con los adelantos tecnológicos de hoy se produjeran consecutivamente situaciones de “equivocaciones” tan grotescas, las verían millones de tele espectadores con la acción de unas nueve cámaras y al ser “errores” tan evidentes, ciertamente los jueces involucrados no podrían dirigir más, al menos a nivel internacional, si es que no terminasen en la cárcel.

Por ello, el descenso de Independiente, legítimamente llorado por sus fieles hinchas, me ha producido sensaciones encontradas. 
Junto con generarme solidaridad con los afectados, me trajo también a la memoria aquel título continental logrado por “Los Diablos Rojos” de Avellaneda hace ya 40 años, a costa de un colosal e inolvidable despojo a Colo Colo y al fútbol chileno, reconocido inclusive por medios argentinos de la época.

10 comentarios:

Víctor Hugo dijo...

Independiente ganó muchas copas libertadores de manera fraudulenta...

LAO Paunero dijo...

estate seguro que entiendo esa pasión y ese dolor. Pero también interpreto que de ésto pueden sacar una enseñanza que va mas allá del fútbol, amigo Esteban....

Gabriela dijo...

Nunca dejará de asombrarme cuánta pasión genera el fútbol.

esteban lob dijo...

Víctor Hugo:

Por eso recordé que en esos tiempos "se decía", pero teníamos la limitante de una TV de poca definición, en blanco y negro,amén de incipiente.
Aparte de ello, cuando no participaban cuadros chilenos, rara vez podíamos ver los encuentros. Hasta que lo que "se decía" lo comprobamos en perjuicio de un equipo nuestro, en el mismo estadio y no obstante las carencias técnicas de la electrónica de los años 70 , en forma de confirmación.

esteban lob dijo...

Lao:

Los más aficionados aseguran que "el fútbol es una escuela de vida". Capaz que tengan razón.

esteban lob dijo...

Gabriela:

Y eso, amiga, que vives en un país en que el fútbol es parte importante de la vida cotidiana del Perú...igual como sucede en Chile.

Jorge Atarama dijo...

También sentí gran consternación al ver a familias enteras llorando. Pero al leer tu artículo me trae a la memoria la filosofía oriental del karma o la acción y reacción que explica que al fin y al cabo aunque no nos parezca existe justicia en la vida. O como me decía un tío abuelo "en esta vida todo se paga". Ahora ya no me apena tanto gracias a la historia colocolina y al recordar que el equipo de mis simpatías Universitario de deportes también perdió una final de la Libertadores en 1972 ante los rojos de Avellaneda. Me gustó el homenaje de escribir en letras rojas. Un gran abrazo Esteban desde Lima Perú.

esteban lob dijo...

Jorge:

No recuerdo aspectos de aquella final del 72.¿Esa vez no hubo dudas de legitimidad?
Otro gran abrazo para ti.

RAFAEL H. LIZARAZO dijo...

Hola, Esteban:

Leer tus crónicas es una manera muy entretenida de entender esta pasión que es el fútbol, tal cual lo es la vida.

Un abrazo.

esteban lob dijo...

Rafael:

Te agradezco, apreciado poeta.
Es que el fútbol "es" como la vida, con sus alegrías, penurias, zonas diáfanas y vericuetos oscuros.