Enrique Silva Cimma (1918-2012)
Jurista, académico, senador y Contralor General de la República.
De entrada digo que soy una calamidad para reconocer visualmente a las personas. Ese mal (porque lo es) lo tengo desde muy niño. Por supuesto causa enemistades múltiples y convicciones falsas como "Esteban estaba al lado mío y no me saludó.¡Qué se habrá creído el muy petulante!"
El problema es que los rostros no se me graban. Basta que me presenten a una persona en mi barrio y al día siguiente la veo de nuevo a kilómetros de distancia y lo más probable es que no tenga idea de quién se trata. Peor todavía es no reconocer a quienes con los que ha habido mayor conexión en el tiempo.
Leí que el famoso actor Brad Pitt pasa aflicciones similares. Mi "colega" dice padecer "ausencia de reconocimiento" y que esa enfermedad es una especie de agnosia que le impide recordar rostros y que incluso en una etapa grave puede hacer que quienes la padecen no se reconozcan a ellos mismos cuando se miran al espejo.
Un experto expresa que puede deberse a una lesión de la corteza cerebral que afecta a la percepción visual y que se generaría por ataques cerebrales, accidentes, traumatismos o también genética.
Sinceramente el caso me acongoja desde muy pequeño y no creo que en mi situación se haya producido por ninguna de las causas descritas. Pero de qué es una realidad, no tengo dudas.
La solución aparentemente fácil cuando alguien me dice "Esteban ¿cómo estás?" es sincerarse y contestarle a aquel, "hola ¿de dónde nos conocemos?", pero generalmente es peor el remedio puesto que la "víctima" de la aparente descortesía, se ofende más todavía.
De modo que no creo padecer prosopagnosia, aunque el problema es real. El máximo bochorno vinculado, me tocó vivirlo durante un viaje de regreso de Europa en la década de los años 60. En ese entonces yo presentaba en Chile cada noche las noticias por televisión, por cierto en aquel entonces en blanco y negro. Al iniciar el vuelo al viejo continente me alegraba saber que quienes me mirasen mucho durante la gira, debían ser familiares, amigos o conocidos personales míos y que no lo hacían porque les sonaba ese rostro televisivo. Entonces no me debería hacer la habitual pregunta, ¿ese señor me mira porque me conoce por la tele o porque lo conozco en persona?
Todo anduvo bien en la materia, hasta que en un trasbordo de vuelta a casa en Londres, me llamó la atención que un matrimonio me observaba detenidamente. No le dí mayor importancia, hasta que la señora aquella se me acercó y me dijo "¿usted es Esteban Lob, no cierto?". Me contó que en Chile me veían todas las noches en el noticiero y que venían con su marido de vuelta de Moscú donde él fue a dictar charlas en calidad de profesor universitario. A todo esto, el esposo se me presentó diciéndome "Silva, mucho gusto. Usted que es conocido, ¿ah?".
Cuento corto, fue un ameno viaje en que aun cuándo no compartimos asientos, en cada escala nos volvíamos a juntar y a conversar.
Al día siguiente regresé a mis labores en el Canal 9 de Televisión de la Universidad de Chile y al revisar las noticias me encuentro con la del regreso al país, tras un viaje por Rusia, del Contralor General de la República Enrique Silva Cimma, por supuesto un connotado personaje nacional.
Desde entonces me vuelve a la mente el momento en que don Enrique me comentaba lo conocido que era yo, sin que yo reparara que por supuesto él lo era muchísimo más.
En suma, no le doy a nadie ser mal fisonomista. Es un desastre.