En alguna ocasión manifesté en este blog mi animadversión por los tatuajes. Me cuesta comprender que si la vida nos somete en cada minuto a la posibilidad de males de salud, haya quienes además martirizan su cuerpo en cualquiera de sus zonas, con tatuajes de todo tipo. Campeones en todo el sentido de la palabra son los futbolistas, quienes a nivel mundial se esmeran en tener las mejores "producciones" de este estilo. Un jugador de nuestra selección nacional se tatuó incluso la imagen de un tiro en el poste del arco de Brasil, ejecutado por el mismo y que estuvo a punto de eliminar a los dueños de casa de su propio Mundial.
Pero hay más ejemplos de pasión por los tatuajes, de parte de los cultores del deporte rey. Otro futbolista de la selección de Chile, aunque con escasa presencia en la misma, tras ser contratado por un club italiano no encontró mejor manera de combatir la soledad que pagarle a su tatuador, también chileno, el viaje a Bologna para que le llenara el cuerpo de más tatuajes."Así lucho contra el nerviosismo", dijo.
Leonel Messi, para muchos el mejor futbolista del mundo en la actualidad, tiene un tatuaje multicolor en uno de sus brazos, pero el más calificado de sus oponentes, el sensacional Cristiano Ronaldo no los ostenta ni los ostentará. El astro del Real Madrid y de la selección portuguesa, nacido en Madeira hace 32 años, realiza innumerables obras benéficas sin mayor ostentación, incluyendo el apoyo a los niños de zonas en conflicto, como Siria. Además lidera campañas de recolección de sangre y el mismo con constancia es dador. Por ello, imbuido de esa responsabilidad en plenitud, ha dicho que no se pondrá tatuajes nunca, para no correr riesgo de alguna infección o contaminación en la cadena humana que generan las tomas de sangre.
Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro nos da una lección de cordura y de sentido común, amén de desinteresada solidaridad.





