jueves, marzo 23, 2017

Argentina 1 Chile 0 , solo se impuso la historia

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Alexis Sánchez, cuando era futbolista de River Plate, a cuyo estadio volvió a jugar por Chile

En mis 81 abriles de vida, he visto unos 70 años de partidos en que Argentina por lo general era superior a los nuestros. Y eso venía de mucho antes. Trátese de los antiguos Sudamericanos de Fútbol, Copas América, amistosos o eliminatorias para mundiales. 

En las dos copas América últimas Chile fue campeón, pero ganando en encuentros estrechos en definición por penales con nuestros ilustres vecinos. Hace algunos años una conquista histórica de Fabián Orellana nos llevó a la gloria de vencer a Messi y compañía, pero en casa. La tradicional superioridad trasandina en su feudo se vio amagada en dos oportunidades con sendos 2 a 2 y 1 a 1 en otras clasificatorias mundialistas, aunque en ambas no sometimos a Argentina como esta noche en Buenos Aires.

El segundo tiempo fue de ensueño. Chile dominando sin contrapeso cuando ya perdíamos 1-0 desde los 16 minutos del primer lapso, con gol de Messi mediante penal. En su casa, ante su atónito público durante 45 minutos, los finales, Argentina se conformaba con la cuenta mínima, se colgaba de su horizontal, contragolpeaba rara vez y vio como un tiro libre de Alexis remecía  su travesaño y como una entrada de Castillo solo frente al arco albiceleste se desviaba. Pero ese ensueño careció de lo elemental: al menos no perder. Al menos conseguir el empate.

Nos fuimos del estadio de River con las manos vacías, pese a todo y ello duele más que haber sido goleado y superado en el juego. Ahí no hay nada que alegar. En cambio haber visto a una de las más poderosas selecciones del mundo minimizada, pero no obstante vencedora de la roja, nos duele en el alma, sobre todo mirando la nueva tabla de posiciones. Por ahora estamos fuera del Mundial de Rusia. Ni siquiera en el quinto lugar del repechaje. 

El martes nos toca de dueño de casa frente a Venezuela que lucha desde la parte baja de los números, más bien por su honor y su futuro y prácticamente sin opción de viajar a Moscú. Hoy la selección de Pizzi tuvo atenuantes para la derrota. El próximo martes, de no doblegar a los llaneros, estos no existirán.

martes, marzo 14, 2017

Extra, Extra: Anticipo de titulares del 24 de marzo


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Estadio de River

En las cercanías de otra fecha de las Clasificatorias Sudamericanas al Mundial de Fútbol Rusia 2018, me aventuro nuevamente con suposiciones de lo que dirá la prensa chilena al día siguiente, dependiendo de si Chile ante Argentina en Buenos Aires, gane, empate o pierda.

SI CHILE GANA


Brillante, inolvidable, estremecedor. No obstante la ausencia de Arturo Vidal por suspensión, además de la de Marcelo Díaz por lesión, la Selección Chilena enmudeció al público en el estadio de River Plate. El temprano gol de Eduardo Vargas, defendido luego a muerte durante los restantes 80 minutos de juego, si bien atenuó la mentalidad ofensiva que nuestra representación adquiriera desde la época de Bielsa, tuvo un éxito de ensueño. Vencimos a los trasandinos, impotentes durante toda la jornada de vulnerar a Claudio Bravo y los restantes gladiadores de Pizzi.  Fue otro logro del fútbol chileno ante su bestia negra. Ya a los argentinos les hemos ganado con poca diferencia en el tiempo, la Copa América 2015, la Copa Centenario en 2016 y ahora esta confrontación, en su propio suelo. Por paradoja muy llamativa, hay trasandinos, nuestros derrotados en la noche de Núñez, entre los adalides de este éxito.No solamente porque el cambio de rostro del fútbol chileno  partió con Marcelo Bielsa y continuó con Jorge Sampaoli, sino porque hoy nuestro DT es Juan Antonio Pizzi, rosarino de pura cepa, además de que en el medio campo de la épica noche bonaerense,  destacara el "Tucu" Hernández, mediocampista de nota, nacido en Tucumán y nacionalizado chileno, otra de las figuras de la noche porteña de eliminatorias mundialistas.


SI CHILE EMPATA

Pudo haber sido funesto. Argentina nos ganaba dos-cero ya a los 10 minutos y nos estaba dando un baile a toda orquesta, hasta que dos hechos cambiaron la triste historia. El penal convertido por Alexis, primero, y la fantástica corrida de Beausejour por izquierda, para finiquitar con un golazo de globito, actualizaron dos viejos refranes: No está muerto quién lucha y pastelero a tus pasteles, este último acuñado por millones de chilenos pegados al televisor, quienes observábamos entusiasmados como el Equipo de Todos se sobreponía a un mal comienzo, para terminar en el silencio sepulcral de miles de argentinos tras un empate para ellos con sabor indiscutible a derrota. Salimos vivos del estadio de River. Es un decir, claro está, pero si después de conocerse las ausencias por lesión de Vidal y de Díaz nos hubieran hecho firmar un empate, lo hubiésemos aceptado gustosos. Habrá que conformarse con que Messi y su grupo nuevamente no nos pudieron doblegar, lo que ya es mucho decir.


SI CHILE PIERDE

Nada nuevo. Dimos batalla, no nos pasaron por arriba, pero perdimos como casi siempre ante Argentina. La Selección de Pizzi nunca se sintió cómoda en el estadio de River. Había un ambiente de desquite tras las finales ganadas por penales, en que Chile obtuviera el título en casa el 2015 y en Estados Unidos el 2016. Esta vez la solvencia de Mascherano, la versatilidad de Messi y la estirpe goleadora de Di María fueron mucho para una apagada y errática representación chilena.  Tras mucho tiempo los nuestros parecieron volver a sentir miedo escénico. El equipo de Bauza fue justo ganador y a nosotros no nos queda más que esperar en suelo propio a Venezuela para tratar de superar el bochorno. Siempre hay un mañana mejor.

martes, marzo 07, 2017

Las penas de ser pésimo fisonomista


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Enrique Silva Cimma (1918-2012)
Jurista, académico, senador y Contralor General de la República.

De entrada digo que soy una calamidad para reconocer visualmente a las personas. Ese mal (porque lo es) lo tengo desde muy niño. Por supuesto causa enemistades múltiples y convicciones falsas como "Esteban estaba al lado mío y no me saludó.¡Qué se habrá creído el muy petulante!"

El problema es que los rostros no se me graban. Basta que me presenten a una persona en mi barrio y al día siguiente la veo de nuevo a kilómetros de distancia y lo más probable es que no tenga idea de quién se trata. Peor todavía es no reconocer a quienes con los que ha habido mayor conexión en el tiempo.

Leí que el famoso actor Brad Pitt pasa aflicciones similares. Mi "colega" dice padecer "ausencia de reconocimiento"  y que esa enfermedad  es una especie de agnosia que le impide recordar rostros y que incluso en una etapa grave puede hacer que quienes la padecen no se reconozcan a ellos mismos cuando se miran al espejo.

Un experto expresa que puede deberse a una lesión de la corteza cerebral que afecta a la percepción visual y que se generaría por ataques cerebrales, accidentes, traumatismos o también genética.
Sinceramente el caso me acongoja desde muy pequeño y no creo que en mi situación se haya producido por ninguna de las causas descritas. Pero de qué es una realidad, no tengo dudas.

La solución aparentemente fácil cuando alguien me dice  "Esteban ¿cómo estás?" es sincerarse y contestarle a aquel, "hola ¿de dónde nos conocemos?", pero generalmente es peor el remedio puesto que la "víctima" de la aparente descortesía, se ofende más todavía.

De modo que no creo padecer prosopagnosia, aunque el problema es real. El máximo bochorno vinculado, me tocó vivirlo durante un viaje de regreso de Europa en la década de los años 60. En ese entonces yo presentaba en Chile cada noche las noticias por televisión, por cierto en aquel entonces en blanco y negro. Al iniciar el vuelo al viejo continente me alegraba  saber que quienes me mirasen mucho durante la gira, debían ser familiares, amigos o conocidos personales míos y que no lo hacían porque les sonaba ese rostro televisivo. Entonces no me debería hacer la habitual pregunta, ¿ese señor me mira porque me conoce por la tele o porque lo conozco en persona?

Todo anduvo bien en la materia, hasta que en un trasbordo de vuelta a casa en Londres, me llamó la atención que un matrimonio me observaba detenidamente. No le dí mayor importancia, hasta que la señora aquella se me acercó y me dijo "¿usted es Esteban Lob, no cierto?". Me contó que en Chile me veían todas las noches en el noticiero  y que venían con su marido de vuelta de Moscú donde él fue a dictar charlas en calidad de profesor universitario. A todo esto, el esposo se me presentó diciéndome "Silva, mucho gusto. Usted que es conocido, ¿ah?".

Cuento corto, fue un ameno viaje en que aun cuándo no compartimos asientos, en cada escala nos volvíamos a juntar y a conversar.

Al día siguiente regresé a mis labores en el Canal 9 de Televisión de la Universidad de Chile y al revisar las noticias me encuentro con la del regreso al país, tras un viaje por Rusia, del Contralor General de la República Enrique Silva Cimma, por supuesto un connotado personaje nacional. 

Desde entonces me vuelve a la mente el momento en que don Enrique me comentaba lo conocido que era yo, sin que yo reparara que por supuesto él lo era muchísimo más.

En suma, no le doy a nadie ser mal fisonomista. Es un desastre.